lunes, 7 de septiembre de 2015

Primero mis dientes y después mis parientes





Cuenta  un joven  en su primer día de clases en la universidad; luego de minutos de espera en el salón,   ingresa un hombre con  tono serio  solicitando orden y silencio.  Luego de unos segundos de incertidumbre esta misma persona, vuelve su mirada hacía un alumno que estaba sentado  en el segundo lugar de la segunda fila,  y le formula una pregunta, a la cual el asombrado muchacho queda atónito por un momento y responde que ignora la respuesta.

Con tremendo disgusto y gesto de enojo le solicita al joven que abandone el aula, el muchacho intenta comprender  lo que está sucediendo,  pero con euforia le insiste  que se vaya, que salga de una buena vez del aula.

Ante esta situación ninguno de los otros 34 alumnos dijo absolutamente una palabra al respecto.   En el momento en que al parecer que el profesor se destinaba a seguir impartiendo la lección, dijo las siguientes palabras:   " Es increíble ver como en estos tiempos la sociedad es completamente indiferente a las injusticias que se le comenten a otras personas,  capaces de observar  un maltrato a uno de los nuestros y preferimos callarnos y hacer de cuenta que la cosa no es con nosotros".  Luego de tomar un gran suspiro dijo en voz alta: “ Ya puedes entrar"   el "alumno" al regresar al salón dijo: “Buenos días. Yo soy el profesor y le doy gracias a este alumno por la colaboración, puedes tomar asiento".

Esto  es el pan de cada día en este  tiempo de egoísmo, egocentrismo, indiferencia, insensibilidad, tibieza, apatía e indolencia  en que está inmersa la humanidad. 

Mientras nosotros y los nuestros estén bien,(en algunos casos ni los nuestros), los demás no interesan, mientras no se metan conmigo, con mis finanzas, mi comodidad, mi estatus, mi apellido,   mis creencias y reputación, el resto del mundo no importa. Como decían los abuelos: "Primero mis dientes y luego mis parientes".


Así dijo el sabio de sabios en su paso por esta tierra:   

1 Juan 3:17: Más el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?

Igual lo dijo el conocer y destacado Apóstol Pablo en su carta a Timoteo:  2 Timoteo 3:2-4:  Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes a los padres, ingratos, sin santidad,  Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno,  Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios.



 Las oportunidades de ayudar al prójimo suceden para que las tomemos y mejoremos.






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